1930 (26 de septiembre): El giro de la Internacional Comunista y la situación en Alemania
1. Los orígenes del último giro
En nuestra época, los giros tácticos, incluso los más importantes, son absolutamente inevitables. Son el resultado de los cambios abruptos en la situación objetiva (inestabilidad de las relaciones internacionales, fluctuaciones bruscas e irregulares de la coyuntura, repercusiones brutales de las fluctuaciones económicas a nivel político, movimientos impulsivos de las masas que tienen la sensación de encontrarse en una situación sin salida, etcétera). El estudio atento de los cambios en la situación objetiva es hoy una tarea mucho más importante y al mismo tiempo infinitamente más difícil que antes de la guerra, en la época del desarrollo "orgánico" del capitalismo. La dirección del partido se encuentra ahora en la situación del chófer que conduce por una carretera de montaña llena de curvas peligrosas. Un giro dado a destiempo, una velocidad demasiada alta, hacen correr a los viajeros y al coche peligros muy graves, que pueden ser mortales.
La dirección de la Internacional Comunista nos ha dado, en estos últimos años, ejemplos de giros muy bruscos. El último, hasta la fecha, hemos podido verlo en los meses pasados. ¿Cuál es la razón de los giros de la Internacional Comunista después de la muerte de Lenin? ¿Está en los cambios de la situación objetiva? No. Se puede afirmar con toda seguridad que, a partir de 1923, la Internacional Comunista no ha dado a tiempo ningún giro táctico basado en un análisis correcto de los cambios que han tenido lugar en las condiciones objetivas. Por el contrario, cada giro es de hecho el resultado de una agravación insostenible de la contradicción entre la línea de la Internacional Comunista y la situación objetiva. Y podemos constatarlo hoy una vez más.
El IX pleno del comité ejecutivo de la Internacional Comunista, el VI Congreso y, sobre todo, el X pleno se han orientado hacia en ascenso brusco y lineal de la revolución ("el tercer periodo"), ascenso que la situación objetiva hacía totalmente imposible en esta época, después de las serias derrotas de Inglaterra y China, del debilitamiento de los partidos comunistas en todo el mundo, y sobre todo en las condiciones de expansión comercial que estaban conociendo toda una serie de países capitalistas. El giro táctico de ña Internacional Comunista a partir de febrero de 1928 estaba, así, en contradicción con el curso real de la historia. Esta contradicción ha dado origen a tendencias aventuristas, al aislamiento prolongado de los partidos, a su debilitamiento organizativo, etc. La dirección de la Internacional Comunista no ha llevado a cabo un nuevo giro hasta febrero de 1930, cuando estos fenómenos tenían ya un carácter claramente amenazador; este giro significaba una retirada y una derechización con relación al "tercer periodo". Por una ironía del destino, que es despiadado con el seguidismo, este nuevo giro táctico de la Internacional Comunista ha coincidido en el tiempo con un nuevo giro en la situación objetiva. La crisis internacional, de una gravedad sin precedentes, abre sin duda nuevas perspectivas de radicalización de las masa y de convulsiones sociales. Es precisamente en estas condiciones cuando resultaba posible y necesario un giro hacia la izquierda: había que impulsar un ritmo rápido del ascenso revolucionario. Eso habría sido totalmente correcto y necesario si, durante los tres últimos años, la dirección de la Internacional Comunista hubiera sacado provecho, como debía, del período de relanzamiento económico, acompañado del reflujo del movimiento revolucionario, para reforzar las posiciones del partido en las organizaciones de masas, y principalmente en los sindicatos. En esas condiciones, el chófer habría podido y debido, en 1930, pasar de segunda a tercera o, por lo menos, prepararse para hacerlo en un futuro inmediato. De hecho, asistimos al proceso contrario. Para no caer en el precipicio, el chófer se vio obligado a reducir de tercera, que había metido demasiado pronto, a segunda; si habría seguido una línea estratégica correcta, se habría visto obligado a acelerar.
Tal es la contradicción flagrante entre las necesidades tácticas y las perspectivas estratégicas en que, como consecuencia de la lógica de los errores de su dirección, se encuentran hoy los partidos comunistas de toda una serie de países.
En Alemania es donde esta contradicción se manifiesta de forma más clara y peligrosa. En efecto, las últimas elecciones han relevado una correlación de fuerzas realmente peculiar, que es el resultado no sólo de los dos períodos de estabilización en Alemania después de la guerra, sino también, de los tres períodos de errores de la Internacional Comunista.
2. La victoria parlamentaria del partido comunista a la luz de las tareas revolucionarias.